David, Spain

“Being from Spain, the fact that I lived no more than 4 hours by car to my home could make the arrival to Roncesvalles a bit less exciting than it would be for people coming from around the world. However, I remember feeling a strange connection with everything the moment I got off the bus.”

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Spanish


“No recuerdo exactamente la primera vez que pensé en hacer el Camino de Santiago (en España, lógicamente, el Camino es muy conocido y se escucha hablar de ello con frecuencia), solo sé que era joven, no más que un adolescente. El por qué lo desconozco pues no tenía familiares o amigos que lo hubieran realizado y, francamente, las razones religiosas tiempo atrás habían dejado de ser importantes. Sin embargo era un proyecto que siempre había tenido en la cabeza, como una idea latente esperando el momento adecuado para realizarse. Supongo que el hecho de atravesar todo el norte de España por caminos milenarios siempre me pareció algo realmente atractivo, algo así como una pequeña aventura.

Fue el día en que descubrí que, por diversas razones laborales, iba a disponer de unos 35 días libres en primavera cuando esa idea latente cobro vida de nuevo. No dudé en ningún momento y mi pensamiento fue “esta es la gran oportunidad para hacerlo”. Y así fue, apenas un par de meses después me encontraba en un autobús camino de Roncesvalles. Como español, a veces pensé que el hecho de vivir a tan solo 4 horas de coche de mi casa podría restarle valor y algo de emoción, sin embargo, para mi sorpresa, nada más bajarme del autobús sentí una excitación y una gran conexión con todo, incluso cierta sensación de estar mucho más lejos de mi hogar de lo que en realidad estaba (supongo que la mezcla de personas de todas partes del mundo tuvo mucho que ver). Aquella primera tarde fue suficiente para darme cuenta que los siguientes 30 días iban a ser algo completamente diferente a lo experimentado hasta ahora. ¿Mejor? No lo sé, pero supe que iba ser algo diferente, real, sin apenas interferencias sociales, laborales, o de cualquier índole del día a día.

¿Qué ocurrió después? 30 días de auténtica vida, de pura vida, una vida donde todo el mundo te regalaba la mejor de sus sonrisas, todo el mundo te saludaba con ese “buen camino”, donde primaban los buenos actos por encima de todo lo demás. Aun me sorprende el “buen rollo” que todos los peregrinos transmitían. Qué duda cabe, que el hecho de compartir un objetivo común fomenta la camaradería entre peregrinos. A la vez, desde el primer día diversos dolores van recorriendo tu cuerpo, la fatiga hace mella sobre tu cuerpo a medida que pasan las jornadas, y la sensación de cansancio es una constante en el día a día. Recuerdo como los dolores físicos fueron recorriendo todo mi cuerpo con un orden sorprendente, los primeros días los hombros y el cuello por el peso de la mochila, que dieron lugar a dolores en la espalda y la cadera, luego ese dolor se desplazó a las rodillas para terminar en los tobillos y los pies. Curiosamente no tengo recuerdo de haber padecido dolores durante los últimos días de Galicia antes de llegar a Santiago (aquí cobra sentido el dicho “Navarra entrena el cuerpo, Castilla la mente y Galicia el espíritu”)). Al mismo tiempo ciertos pensamientos de tu vida cotidiana aparecen y cierta lucha surge dentro de ti entre todo lo que eres y todo lo que te gustaría ser. Supongo que inevitablemente todo peregrino tiene cierto sentido de viaje iniciático al empezar el Camino. Sin embargo con el paso de los días descubres que el sentido del Camino es mucho más sencillo, no te va a ofrecer soluciones mágicas a los problemas de tu vida; simplemente te abre los ojos. El Camino te hace de filtro vital; de repente ves con una abrumadora claridad las cosas que realmente importan y que tienen un valor intrínseco.

Sorprende descubrir la plenitud de unos días en los que apenas llevas contigo mismo una mochila ligera a tu espalda. Durante 30 días tu compleja vida cotidiana desaparece y de repente tu día a día se compone de caminar, así de sencillo, de caminar y disfrutar de los fantásticos paisajes, de las historias de otros peregrinos, de formidables momentos de serenidad mientras caminas contigo mismo, de encantadoras conversaciones con personas increíbles (a las que no olvidaras jamás), de descubrir pueblos y rincones que de ninguna otra manera los hubieras descubierto, de risas al atardecer compartiendo unas cervezas, vino y una sencilla cena (si había italianos la cena nunca era sencilla), de reencuentros con peregrinos que no veías desde hace días…. Supongo que puede parecer algo insípido sin embargo aún me sorprende lo vívido de mis recuerdos y la frecuencia con que vuelven a mi cabeza todas esas sencillas situaciones vividas durante aquellos memorables días de Mayo y Junio de 2014. En definitiva, el Camino, al menos para mí, me descubrió la maravillosa e impagable sensación de disfrutar de algo que, probablemente, ya intuías: las pequeñas y sencillas cosas de la vida.”

David, España

English


“I don’t remember exactly the first time I thought about doing the Camino – I think that I was a teenager. In Spain the Camino de Santiago is very famous and I heard about it frequently. I have no family members or friends who have done the Camino, and any religious reason I might have had for it is long gone. But somehow, it was always in my mind, a latent idea that kept coming to me. The idea of crossing the north of Spain, walking across an ancient road, and having time to enjoy the scenery and history surrounding it was attractive to me, like a little adventure. Still, I never found time to actually go do it.

Everything changed one day when I received a piece of news. Thanks to something that happened at my company, I was going to enjoy around 35 free days. I had no doubt. I thought, ‘this is the perfect chance to do it!’ Around two months later, I was in a bus on the road to Roncesvalles.

Being from Spain, the fact that I lived no more than 4 hours by car to my home could make the arrival to Roncesvalles a bit less exciting than it would be for people coming from around the world. However, I remember feeling a strange connection with everything the moment I got off the bus. During the first afternoon, I felt a great sense of peace. I don’t know how to explain, It was unreal. I forgot about being 4 hours away from my house by car, and instead started thinking that I was 790 kilometers to Santiago. I suddenly realized how great and free I felt, and I felt that the next 30 days were going to be absolutely different from my entire life up to that point. Would it be better than my regular life? I couldn’t say. But I know it would be different, more ‘real,’ without all the social, economic, and work interferences of daily life.

What happened next? I lived 30 days of real life, of pure life. A life where everyone smiles, everyone helps each other with good acts, and everyone transmits good feelings to each other. At the same time, pains run throughout your whole body as the days go passing by, and those pains make your mind work differently. Instead of being concerned with the problems of daily life, you now share the same problems with everyone else – problems of a common human. And I’ll never forget the beautiful landscapes, the stories of so many other pilgrims, the many lovely conversations with amazing people, and great laughs every evening. It’s a slow process that changes a person for the better. To conclude, I think the Camino gave me the priceless opportunity and lesson to enjoy the little and simpler things in this life.”

David, Spain

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